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castillos de la historia



Hoy en Viajar por Europa nos vamos hasta Montenegro, un estado que durante años estuvo sumido en el conflicto y que hoy en día comienza a abrirse al turismo y a una nueva forma de vida política y social.

Repleto de escenarios deslumbrantes, edificios históricos y rutas para los amantes del senderismo y los paseos al aire libre, analizaremos algunas de sus ofertas en general, sus principales atracciones para el turismo internacional y la historia que configuró esta nación báltica.

Nuestra primera parada en el itinerario es el pueblo costero de Ulcinj, con sus extensas playas y bellas panorámicas que le han ganado un puesto entre los “31 lugares a visitar en 2010” del diario New York Times.

Ulcinj se encuentra en la costa sur de Montenegro, es una aldea que ha crecido hasta llegar a los casi 10.000 habitantes y que disfruta de uno de los públicos más activos, siempre encontraremos bañistas, jóvenes paseando por las calles paralelas a la costa o disfrutando del sol y la arena, con una extensión de playas de más de 280 kilómetros en todo Montenegro y algunas zonas reconocidas a nivel internacional como Velika Plaza (la playa más grande del país que se extiende entre Port Milena (Ulcinj) hasta el río Bojana.

El pueblo de Ulcinj conserva los rasgos de un castillo medieval, y dicha estética se corresponde con la historia turbulenta que ha tenido la región. Formó parte del Imperio Bizantino, fue conquista por los turcos otomanos y finalmente logró su independencia en 1880.

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El centro histórico de la ciudad de Rapperswil, en Suiza, es nuestro destino de hoy en Viajar por Europa, una de las localidades más importantes de la región denominada Cantón de San Galo.

Los románticos escenarios bordeados por el lago Zurich atraen anualmente a decenas de viajeros que se detienen a disfrutar no solo de la naturaleza y el ambiente rural, sino también la magia de su castillo y su ancestral poblado.

En la parte más alta de Rapperswil se construyó la fortaleza y castillo que hoy corona su centro histórico. El emplazamiento era realmente único para su época, rodeado en tres de sus lados por el majestuoso lago Zurich y en lo alto de una colina de roca, haciendo el acceso una verdadera proeza para los atacantes.

La zona de Rapperswil era uno de los puntos de control más estables en la ruta medieval que unía Zúrich y Lombardy, así como una de las formas más recomendadas para llegar a la Abadía Einsiedeln y tomar parte en el Camino de Santiago.

La fuerte inmigración polaca derivó en la construcción de un Museo Nacional Polaco, que funciona en Rapperswil desde fines del siglo XIX.

Lo más destacado al visitar el castillo de Rapperswil son sus hermosas postales de la ciudad, desde lo alto y con el horizonte como límite, permites disfrutar las bellezas del paisaje suizo y la maravillosa forma en que los pueblos antiguas fueron acomodándose a los nuevos lineamientos urbanos y dejando de lado las construcciones palaciegas y castillos, que poco a poco se transformaron en edificios de culto y paseo por Suiza.

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Inglaterra es, sin lugar a dudas, uno de los destinos que más relacionamos con los castillos, la era medieval y las tradiciones de una época donde los ataques bárbaros y las murallas eran moneda corriente en la sociedad.

De allí que encontremos diferentes ruinas y emplazamientos de castillos a lo largo del país, y hoy en Viajar por Europa nos dirigimos hasta el pueblo de Goodrich donde yacen los restos de una antigua fortaleza.

Cercano al río Wye, el castillo de Goodrich se emplazó en lo alto de una colina rocosa, punto ideal para evitar un acercamiento sencillo al imponente edificio de guerra. Los orígenes del castillo se remontan a finales del siglo XI, aunque a lo largo de los años fue cambiando de manos y a la vez de diseño.

Los últimos habitantes del castillo estuvieron allí hacia fines del siglo XVII, cuando la Guerra Civil acabó con gran parte del pueblo y los alrededores. En 1647 fue utilizado como Parlamento y luego de meses de sitio, fue tan atacado que quedo inutilizado y con una orden estricta que prohibía su reconstrucción.

Luego de pasar por las manos de duques y nobles de toda clase, el castillo quedó a cargo del estado inglés hacia fines del siglo XX. Desde entonces, sus ruinas, torres y murallas se utilizan para atraer a los visitantes y recordar una de las épocas turbias y más ricas de la historia inglesa.

Las visitas están permitidas en diferentes horarios según los meses. De agosto a junio 10 AM a 6 PM; marzo a mayo y septiembre a octubre 10 AM a 5 PM; noviembre a febrero 10 AM a 4 PM.

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Irlanda es uno de los destinos más importantes de la semana, ya que el día 17 de marzo se festeja el Día de San Patricio, una fiesta nacional en honor a una de las figuras más importantes de la religión cristiana, pero su popularidad ha crecido tanto que hoy en día también es celebrada por no cristianos.

Además de Irlanda, los festejos de San Patricio también son fiesta nacional en Montserrat (isla dependiente del Reino Unido, en la región de las Antillas Menores) y en la provincia canadiense de Terranova y Labrador.

Hoy, lejos de hablar de los festejos que seguiremos analizando, le toca el turno a una de las tantas atracciones que Irlanda tiene para ofrecernos. Así que si aprovechamos para viajar en tiempos festivos no podemos perder la oportunidad de conocer sus principales atracciones naturales y culturales.

El Castillo de Dublín, en la ciudad capital, es la que hoy nos reúne. Un imponente edificio ubicado en el centro de la ciudad, que sirvió como sede del gobierno británico en Irlanda hasta 1922. Sus orígenes se remontan al siglo XVII cuando se alzaron las primeras paredes de un fuerte para defender el puerto.

El castillo funcionó también como residencia real, ya que la figura del virrey británico vivía dentro de los variados salones de la construcción.

La maravilla arquitectónica y decorativa se expande aún más cuando atravesamos las puertas y vislumbramos el majestuoso Salón de San Patricio, o la sala donde se realizaban bailes y banquetes, así como el Salón del Trono y los Apartamentos del Rey, que en la época contaban con todas las facilidades y servicios para que las figuras más importantes se sintieran cómodas y a gusto.

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Seguimos explorando destinos exóticos y maravillas de la naturaleza y la cultura, y nuestros viajes nos llevan en esta oportunidad hasta la ciudad de Kruja, en Albania.

Desconocida para muchos, la ciudad es famosa por haber resistido durante años los ataques de las tropas otomanas. Casi 35 años de conflicto entre 1433 y 1478, Kruja resistió cuatro sitios y luego se rindió tras la muerte de uno de los héroes nacionales más importantes de Albania: Skanderbeg, quién falleció combatiendo a los invasores.

La belleza natural de los paisajes de Kruja, que recorre las laderas del monte creando una urbe única, la ha convertido en uno de los centros turísticos más importantes del país.

Entre los edificios históricos y culturales más importantes se encuentran el antiguo castillo de Kruja, que hoy funciona como museo sobre la vida y obra del héroe nacional, el viejo bazar y la citadela, una verdadera joya de la arquitectura medieval europea.

La figura de Skanderbeg, cuyo nombre real era George Kastrioti, es otro de los atractivos de la ciudad. Capturado por el sultán otomano junto a sus dos hermanos, estudió en la escuela otomana y se convirtió a la religión del Islam. Tras combatir varias batallas en el bando otomano, en 1433 cambió de bando mientras estaba en un combate contra los húngaros, y junto a 300 fieles soldados regreso a Kruja su ciudad natal.

Ocupo el castillo y combatió contra sus antiguos aliados hasta su fallecimiento, en 1466. El castillo recoge diversas obras inspiradas en la vida y obra del héroe de Albania, además de objetos que cuentan la historia de las batallas y la vida en el pasado albanés.

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El castillo de Óbidos en la aldea homónima, en Portugal, supo ser la fortaleza principal de uno de los puertos más importantes del océano Atlántico.

Con el paso del tiempo el relieve característico de la zona alejo la costa, que hoy se encuentra a casi 10 kilómetros, y hoy una imponente laguna separa el castillo, la ciudadela, y el mar.

Desde que ingresamos a la ciudad, atravesando la ricamente decorada “Porta da Vila”, se puede apreciar la paz y el cuidado que las amplias murallas siempre han brindado a sus habitantes y a los viajeros que buscaban refugios en los tiempos en que las amenazas de bandoleros y bárbaros eran moneda corriente.

El castillo de Óbidos es de estilo Manuelino y hoy en día alberga a los visitantes, y se ha transformado en uno de los hoteles más espectaculares de la región.

En el pasado, era una fortaleza medieval que se gano a los ejércitos moros hacia 1148. Un terremoto, en 1755, causo grandes destrozos en la estructura, pero dada la importancia a nivel turístico, cultural e histórico, la comunidad de Óbidos puso manos a la obra para restaurarlo.

También hay que destacar la iglesia renacentista  "Igreja de Santa María", donde se caso el rey Alfonso V. Esta excelente obra arquitectónica tiene hermosos frescos decorados por la artista portuguesa Josefa de Óbidos.

La laguna de Óbidos invita a los viajeros a realizar diversas actividades recreativas, ideal para nadar, tomar sol o practicar windsurf (para principantes).

Un destino turístico excelente, muy recomendado para quienes busquen paz, tranquilidad y una buena variedad de puntos de interés.

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