castillos Francia

Ubicado en la famosa región de Langudoc, Rosellón, este castillo destaca por varios motivos, siendo uno de los principales claro, su punto de referencia, en una elevada cresta que fue escogida por sus constructores ya que permite controlar desde el mismo los numerosos valles que lo rodean, permitiendo tener contacto visual con el castillo de Quéribus, el más próximo a este y que suele ser visitado en la misma jornada por los viajeros.
De hecho, se trata de uno de los edificios más importantes de todos los que datan del siglo XII en este país, y no son pocos los especialistas que aseguran que la arquitectura utilizada en este recinto es la mejor de la época.
La extensión del mismo es de 350 metros por 50 de ancho, y uno de los recorridos más comunes en su interior es el que permite observar los fuertes muros hechos para soportar ataques enemigos.
Lo increíble además de este sitio es que no se trata únicamente de un castillo, sino de una auténtica villa interna donde la gente paseaba por especies de calles y caminos. Incluso, si bien la construcción ha sufrido un importante deterioro en sus zonas más elevadas, las más bajas se mantienen casi intactas.
Es común que los turistas suban hasta la cima del castillo para fotografiarse con maravillosas panorámicas de fondo.

Ubicado estratégicamente a unos cien kilómetros de una de las ciudades más requeridas por los turistas de todo el mundo en Europa, como lo es París, este paraje se ha convertido en una excelente oferta de fin de semana como una variante al centro de la capital francesa.
En este sentido, tanto sus aspectos arquitectónicos como los relacionados a la historia que posee el recinto se han tornado fundamentales.
Con más de 800 años de historia, este castillo forma parte de uno de los símbolos más importantes de toda la cultura francesa histórica, ubicado en el municipio de Andelys, y dueño de una vista que se presenta realmente imponente para quien no está acostumbrado a las edificaciones de hace decenas de siglos. La obra fue dirigida incluso por el propio Ricardo Corazón de León de Inglaterra, y se finalizó en apenas dos años.
Lo relevante del caso es que tan pronto fue inaugurado, este castillo se convirtió en un punto de inflexión para la resistencia de los ataques enemigos, y a disposición de su edificación estuvieron unos dos mil quinientos empleados, cifra récord para el momento.
Una de las bases que permitió al castillo sobrevivir a las guerras es la estructura principal sobre la que se asienta el mismo, que puede ser visitado sin restricciones desde el 15 de marzo hasta el 15 de noviembre y los horarios son cortados, de 10 a 13 horas y de 14 a 18 horas.
Este castillo, uno de los más representativos de la tradición francesa, y que se encuentra ubicado en en el departamento francés de Indre-et-Loire, englobado en el conjunto de castillos del valle del Loira, se ha presentado al mundo entero no por su destaca arquitectura, que la tiene, sino por ser el sitio donde descansan los restos de uno de los más importantes artistas de la historia de la humanidad, Leonardo Da Vinci.
De hecho, no es casual que este destacado contribuyente al arte descanse allí, ya que una vez en la cumbre de su carrera, se estableció en una mansión cercana al castillo.
No obstante, y ya ciñéndonos a lo que comprende su capacidad como paraje turístico, lo cierto es que no se trata de un destino muy visitado al quedar algo a contramano de otros más famosos, pero su decoración interna es elogiada por los conocedores del tema siempre que acuden el lugar.
Cabe destacar además que el castillo se construyó por orden de Carlos VIII durante el siglo XIII, en una época próspera para el levantamiento de este tipo de edificaciones.
Aunque el monumento se encuentra dañado debido a los constantes saqueos que sufrió históricamente, es muy recomendable la posibilidad de ascender hasta lo más alto de la torre y poder apreciar todo el paisaje que rodea el castillo.

Construida bajo las órdenes de Étienne le Loup, lo cierto es que su trascendencia histórica está dada debido a que se trata de la última casa de Leonardo Da Vinci, quien habitara allí entre los años 1516 y 1519, pintando e ideando distintos proyectos de ingeniería hasta su muerte.
Cabe destacar también en el plano cultural que el castillo fue adquirido por el rey Carlos VII de Francia con el propósito de obsequiárselo a su esposa, Anne de Bretaña, alrededor del año 1490, cuando llevaba poco tiempo de estrenado.
No obstante, Da Vinci le otorgó un aura manifiesta de excelencia que no se ha visto afectada posteriormente, siendo además que su habitación se conserva tal cual la dejó hace casi cuatro siglos.
De hecho, una de las piezas más codiciadas de este tesoro testimonial es el retrato de la mujer del marqués de Giocondo o mas conocida como la inigualable Mona Lisa, que se encuentra colgado sobre una de las paredes que da a la cama donde dormía el mismo Da Vinci.
Incluso, en el mismo sótano de este sitio se encuentran algunos de los proyectos a medio terminar del artista, además de modelos dibujados por sus propias manos.

Siendo uno de los ejemplos más claros y antiguos de lo que fuera la arquitectura de hace varios siglos en suelo francés, el Castillo de Bonaguil se ha convertido décadas atrás en uno de los principales atractivos turísticos que presenta este país.
Ubicado en la hermosa región de Aquitania, el espacio donde se construyó la edificación fue planeado de forma consciente, ya que se encuentra elevado del suelo y cubierto por formaciones rocosas que lo resguardan.
Comenzadas las obras en el siglo XIII, 200 años después se realizaron varias modificaciones en la estructura del castillo, ya que si bien se trataba de uno de los más bellos de la época, presentaba algunas falencias en cuanto a sus previsiones de seguridad. Sin embargo, en ningún momento de la historia este monumento fue atacado y es por eso que se conserva en un impresionante estado.
Si bien desde comienzos del siglo anterior era común que los franceses se desplazaran para conocer el interior del castillo, con la condecoración como “Patrimonio de la Humanidad” que le fue otorgada por la UNESCO, su fama alcanzó trascendencia internacional, y hoy es común que muchas de las empresas turísticas lo incluyan en sus itinerarios.
Está abierto generalmente todos los días de la semana, y los precios según la época del año van desde los tres hasta los seis euros.







