PiensaBlogs, la prensa del futuro se lee en internet    

Monumentos europeos



 

A través de su historia, cada pueblo va dejando huellas que el pasado y el presente retoman permanentemente. Las culturas pasadas, de algún modo el espíritu que las encumbró, llegan a nosotros a través de esas huellas.  Hablar de la cultura de los pueblos es hablar, en parte, de sus monumentos.

Desde las asombrosas arquitecturas  hasta las enigmáticas formaciones tribales que han sobrevivido por milenios, por motivos sociales, religiosos, por vencer a la naturaleza o por demostrar la inmensidad de un amor, como el caso del jardín de los monstruos de Bomarzo, los monumentos van marcando las huellas de la cultura.

Europa, como cabe esperar de un continente prolífico en historia, verdadera cuna de occidentemoderna, es pródiga en monumentos. En cada uno de sus países, pueden hallarse excelsos ejemplos de arquitectura y de arte. Desde el paleolítico y las antiguas ecúmenes griegas, pasando por el Medioevo y la era moderna, siglo tras siglo, el espacio europeo fue atesorando estas construcciones monumentales.

El viajante podrá ver en ellas no sólo un motivo para su fascinación, sino que podrá constatar al mismo tiempo el inconmensurable valor de cada monumento como una verdadera fuente histórica. Allí late el espíritu de los primitivos pueblos y las grandes civilizaciones que formaron la historia del continente europeo; los famosos monumentos y aquellos que aún permanecen por descubrirse para los viajantes más curiosos, ofrecen siempre la posibilidad de un goce estético y de un verdadero aprendizaje.

La variedad cultural de Europa ofrece un sinnúmero de monumentos, de la más amplia diversidad. Desde antiguos puntos de observación astronómica, como Stonehenge en Inglaterra o la modernísima torre Eiffel de Francia, pasando por las catedrales magníficas que el Medioevo nos dejó en Alemania e Italia, o la cultura árabe en España, las posibilidades que brinda Europa son verdaderamente irrechazables.

 

archivo:Bomarzo01.jpg


Seguimos conociendo un poco a la distancia las maravillas que guarda Alemania, tierra de cuentos de hadas, de gigantes, de caballeros sobre corceles y armaduras, una extensión que hace honor a tanta mística gracias a su paisaje, que pareciera haber salido del más florido cuento.

Uno de esos rincones increíbles para visitar en el país europeo es el Castillo de Neuschwanstein, construcción que se destaca nada menos que por ser el castillo más admirado y visitado de todo el continente, situado en la cima de una montaña y rodeado completamente por ellas. Un espectáculo fascinante con una vista que parece de película.

Construido alrededor del año 1886, las obras comenzaron por el monarca Ludwig II y el castillo termino de construirse luego de su muerte. Luego de su apertura casi de manera automática sus espacios fueron reservados como un museo abierto al público.

La gran riqueza que adorna el castillo no solo se ve en su ornamentada fachada, sino en cada detalle decorativo en su interior. Destaca sobre todo el gusto exquisito con el que se amueblo y decoro cada uno de los espacios, desde los detalles más ínfimos, como cisnes dorados en los picaportes de las puertas del mismo.

La habitación del rey se termino con la apariencia de una capilla gótica, y junto a ella se encuentra un pequeño refectorio, donde el monarca realizaba sus oraciones. La decoración del Castillo de Neuschwanstein está dedicada al compositor Richard Wagner, ya que cada habitación representa una escena en particular de alguna de sus obras, con historias dibujadas en las paredes, por ejemplo en la habitación real se representa la opera Tristán e Isolda, de las más populares del artista.

Para visitar el Castillo de Neuschwanstein se deben comprar las entradas en la ciudad de Fussen, un pequeño poblado a los pies de las montañas escarpadas sobre las que descansa el castillo. La visita es guiada y dura alrededor de una hora y media.

archivo:castillo-de-neuschwanstein.jpg