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Patrimonio Cultural



 

A través de su historia, cada pueblo va dejando huellas que el pasado y el presente retoman permanentemente. Las culturas pasadas, de algún modo el espíritu que las encumbró, llegan a nosotros a través de esas huellas.  Hablar de la cultura de los pueblos es hablar, en parte, de sus monumentos.

Desde las asombrosas arquitecturas  hasta las enigmáticas formaciones tribales que han sobrevivido por milenios, por motivos sociales, religiosos, por vencer a la naturaleza o por demostrar la inmensidad de un amor, como el caso del jardín de los monstruos de Bomarzo, los monumentos van marcando las huellas de la cultura.

Europa, como cabe esperar de un continente prolífico en historia, verdadera cuna de occidentemoderna, es pródiga en monumentos. En cada uno de sus países, pueden hallarse excelsos ejemplos de arquitectura y de arte. Desde el paleolítico y las antiguas ecúmenes griegas, pasando por el Medioevo y la era moderna, siglo tras siglo, el espacio europeo fue atesorando estas construcciones monumentales.

El viajante podrá ver en ellas no sólo un motivo para su fascinación, sino que podrá constatar al mismo tiempo el inconmensurable valor de cada monumento como una verdadera fuente histórica. Allí late el espíritu de los primitivos pueblos y las grandes civilizaciones que formaron la historia del continente europeo; los famosos monumentos y aquellos que aún permanecen por descubrirse para los viajantes más curiosos, ofrecen siempre la posibilidad de un goce estético y de un verdadero aprendizaje.

La variedad cultural de Europa ofrece un sinnúmero de monumentos, de la más amplia diversidad. Desde antiguos puntos de observación astronómica, como Stonehenge en Inglaterra o la modernísima torre Eiffel de Francia, pasando por las catedrales magníficas que el Medioevo nos dejó en Alemania e Italia, o la cultura árabe en España, las posibilidades que brinda Europa son verdaderamente irrechazables.

 

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La Plaza Vendome es un interesante punto de encuentro de los parisinos y un sitio especial para los miles de viajeros que visitan la localidad cada año.

La idea de esta plaza surgió en 1677, cuando el arquitecto más importante de la región por la época, como lo era Jules Hardouin – Mansart  propuso la idea de un espacio abierto a todos los pobladores de París.

La idea fue aceptada, y a partir del comienzo de la obra, el espíritu de Vendome se apoderó de los franceses. El nombre de la Plaza cambió varias veces, pero su esencia sigue siendo la misma, convirtiéndose en una de las más importantes postales de este lugar.

De hecho, hay que destacar que uno de los más importantes monumentos construidos en la historia francesa, como lo es el llamado “Columna de Austerliz”, cuya construcción fuera encargada por el mismo Napoleón Bonaparte para celebrar la victoria en la batalla del mismo nombre.

Con unos cien metros de altura, en su extremo más elevado se encuentra la estatua del mismo Napoleón a escala natural, y los turistas suelen utilizar esta edificación para grabar su paso por la ciudad, tomándose fotografías.

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