Roma Eterna - Parte I

Antiguo corazon de uno de los mayores imperios de la historia, Roma supera cualquier intento de somera descripcion: solo la enumeracion de sus tesoros arqueologicos, arquitectonicos y artisticos llevaria libros enteros. Pero a pesar de la magnificencia de la ciudad, equidistante de los poderosos y sofisticados centros urbanos del norte (sobre todo Milan) y de las maravillas del sur, Roma -y particularmente los romanos- es mirada con cierta reticencia por el resto de los italianos. La famosa sigla SPQR, divisa de la ciudad, significa Cenatus Populusque Romanus (el senado y el pueblo romano), aunque algunos bromistas prefieren interpretarlo como Sono Porchi Questi Romani (son unos cerdos estos romanos) por la rivalidad antes mencionada.
Pero mas alla de esos enconos y rivalidades, la ciudad eterna o la Ciudad de las Siete Colinas (que en realidad son doce), sigue atrayendo como un iman a millones de turistas de todo el mundo, entre ellos muchos americanos que disfrutan incluso del aire relativamente provinciano de la ciudad, en la que sus habitantes defienden a capa y espada a dos de sus placeres sacrosantos: la pasta al dente y la siesta. Este fenomeno es comprobable a simple vista: entre las dos y las tres de la tarde (la "hora sacra") la ciudad parece desierta, solo recorrida por los habituales grupos de turistas. " En Milan -susurran los romanos con el apesadumbrado tono de quien escribe una tragedia secreta- al mediodia comen hamburguesas y no duermen la siesta".
Descuiden, no todo es rivalidad, en Roma existen otros sentimientos, los que seran develados en proximas entradas de esta Roma Eterna...
