Stonehenge: el enigma megalítico de la antigüedad

La Unesco le ha conferido el título de patrimonio mundial a la formación megalítica de Stonehenge, cerca de Amesbury, en el condado de Wiltshire, Inglaterra; monumento que ha llegado a nosotros desde la Edad del Bronce y que se presenta como uno de los más fascinantes atractivos turísticos en lo que a materia de monumentos se refiere en toda Europa.
Se trata de una formación de bloques de roca de grandes dimensiones, dispuestos en un total de cuatro circulos concéntricos y rodeados por un inmenso foso. Si bien se ignora a ciencia cierta cuál era la función de este monumento, donde se cifra la verdadera razón de su construcción, se presume que su origen pudo haber estado emparentado a actividades de carácter ritual.
Existe también la suposición de que Stonehenge pudo haber sido utilizado como templo religioso o incluso como una suerte de monumento funeario. No son pocos los estudiosos que, desde el ámbito académico, han propuesto la teoría de ver a este imponente y enigmático monumento como un observatorio astronómico desde donde podía estudiarse la órbita terrestre en relación al sol y así tener un mejor conocimiento de las estaciones.
En el terreno de lo religioso, existen datos que refuerzan la idea de que Stonehenge fue edificado por pueblos paganos y utilizado para el entierro ceremonial de personas cuya importancia dentro del grupo era crucial. Sustentan esta teoría los hallazgos de restos humanos previamente cremados, cuyo deceso data de un período comprendido entre el 3030 y 2340 adC. Esta asociación entre difuntos y piedra no sería tan “casual”, ya que para los paganos la piedra era el símbolo de la eternidad. Así, estas piedras que conforman Stonehenge serían el punto de contacto entre dos mundos, el terrenal y el de los espíritus elementales.
Como sea, Stonehenge se levanta no sólo como un enigma, sino como un verdadero atractivo turístico en el que convergen historia, misterio y religión.
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