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Entre los multiples atractivos que podemos encontrar y conocer en un viaje a Suiza, uno de los mas interesantes es conocer el famoso Anfiteatro de Martigny, que se construyo hace mucho tiempo atras en la ciudad romana de Forum Claudii Vallensium en Germanico Superior, lo que hoy es conocido como Martigny en Suiza, Europa.

El Anfiteatro de Martigny fue construido a principios del siglo II, en un tiempo en el que aparentemente se vivia un periodo de prosperidad romana, que permitia la elaboracion de importantes complejos como este, que cuenta con unas dimensiones externas de 76 metros por 64 metros, y una dimension de la arena de 46 metros por 35 metros.

Se piensa que el Anfiteatro de Martigny fue mandado a construir muy probablemente durante el periodo en el que reino el emperados romano Trajan.

El Anfiteatro de Martigny es un monumento de pequeñas dimensiones dentro de todo, con unos 75.5 metros de gran eje para 63.7 metros de pequeño eje, y no posee estructuras de pasillos internos y tampoco de escaleras.

El Anfiteatro de Martigny es uno de los numerosos monumentos antiguos que mas populares han sido a lo largo de la historia en el territorio suizo, ya que fue descubierto a finales del siglo XIX.

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Entre muchas de sus excepcionales ofertas, Europa presenta una amplia variedad de hoteles que podrían denominarse bajo el mote de “fuera de lo común”, ya sea por su ubicación, por su servicio en particular, o bien por su arquitectura.

Este es el caso, entre otros muchos, del hotel Whitepod, ubicado en los Alpes de Suiza, a 1.700 metros de altura. La opción que ofrece el Whitepod es en verdad para aquellos viajantes aventureros que buscan unas vacaciones radicalmente diferentes. Una excelente propuesta para aquellos que buscan las nuevas formas del ecoturismo.

Cada habitación, para empezar, se encuentra aislada del resto, en medio de los Alpes. Se trata de un iglú, entre un conjunto total de 15,  construido enteramente con materiales reciclados y que que se funde perfectamente con el ambiente y su entorno, demostrando que puede lograrse una perfecta amalgama entre paisaje, confort y estética, sin descuidar una adecuada oferta turística según los parámetros contemporáneos del mercado. Se trata de una propuesta dirigida a un amplio margen de consumidores, ya sean parejas, vacacionantes en solitario, familias o grupos de amigos.

La conciencia sobre la preservación del medio ambiente tiene un papel relevante en esta particular propuesta turística, así como el contacto con materiales que favorecen una sensibilidad especial, como la madera o la piedra. Cada uno de los huespedes del hotel es dotado de una serie de elementos para poder cubrir necesidades básicas del ambiente de alta montaña, lo cual significa una experiencia que permite volver a las raíces de antaño.

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En Suecia encontramos este conjunto de 26 piedras rúnicas varegas (pueblo vikingo danés) erigidas en memoria y honor a quienes nunca regresaron de la última expedición vikinga en el Caspio, liderados por Ingvar el Viajero. Esta expedición representa un evento particular en la historia vikinga que ha llegado hasta la actual Noruega, ya que son muchas las piedras rúnicas que lo mencionan.

Esta incursión, de la que participaron numerosas naves, fue llevada a cabo  en el siglo X, más precisamente entre el año 1036 y 1041, llegando hasta orillas del mar Caspio. De todas ellas, sólo una regresó, con muy poca tripulación, todos ellos enfermos y debilitados, muriendo tiempo después. Esta última expedición tomó parte en la batalla de Sasireti, que formó parte de los episodios de la guerra civil de Georgia.

La última campaña vikinga, que un siglo después sería nombrada e inmortalizada como  saga islandesa, partió desde lo que actualmente es Suecia, en la península escandinava con la intención de reabrir la ruta comercial del Río Volga, ya que los búlgaros y los jázros ya no representaban un obstáculo. Pero ya en tierras sarracenas, según describe una de las piedras que levantó el hermano de Ingvar, murieron casi todos, incluido este último.

En su gran mayoría, las piedras rúnicas fueron levantadas durante el proceso de cristianización de Escandinavia, que tuvo lugar en el siglo XI, aunque una de las más antiguas data de dos siglos antes, cuando el ya mencionado pueblo de los varegos dominaba comercialmente la región, comerciando pieles, minerales y otros productos centrales de la economía escandinava.

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Rumania, en Europa del Este, es uno de los países con una las más espléndidas y variadas ofertas para el turismo, ya sea cultural, social o naturalista, abarcando una amplia gama de posibilidades. Con una geografía de verdaderos contrastes, Rumania posee altas montañas escarpadas, que pertenecen a los Cárpatos, así como extensas llanuras fértiles o así mismo zonas de meseta. Un abanico de relieves y formas verdaderamente rico.

Situada en un punto neurálgico de Europa en lo que a vías de comunicación ser refiere, llegar a Rumania es fácil, ya que cuenta con aeropuertos, vías  férreas y carreteras transeuropeas, al mismo tiempo que posibilita un acceso por vías acuáticas  sean fluviales o marítimas. Literalmente puede decirser que está conectada con cada rincón del continente europeo.

Sus posibilidades permiten elegir entre estaciones alpinas para turismo de alta montañas, o recreación balnearia en sus casi 200 balnearios en 50 kilómetros de costa, una de las más largas en Europa, siendo una de las ofertas más amplias en este tipo de actividad turística. Por sus sales minerales, las aguas del Mar Negro se utilizan a menudo para tratamientos médicos y curaciones. Más de 15 estaciones de tratamiento hay montadas a lo largo de toda la costa.

Además, al Norte de este litoral, en el centro-este del país, se encuentra ubicado el Delta del Danubio, único en Europa por sus paisajes, su belleza esplendorosa, su diversidad de flora y fauna en abundancia. Este Delta es una reserva de biósfera declarada por la UNESCO, de una belleza imponente al tiempo que de una importancia vital.

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La capital italiana, la Roma eterna, tiene para ofrecer al visitante una amplia gama de posibilidades. En esta magnífica y mítica ciudad, el turista tiene oportunidad de convivir con el patrimonio cultural a cada instante, en múltiples sitios de la ciudad. El famoso Coliseo, el Foro Romano o el Castillo de Sant’Angelo son algunos ejemplos.

Entre los sitios más visitados por quienes pasan por Roma, se encuentran las famosas Catacumbas de Roma, también conocidas como las Catacumbas Cristianas. Se trata de sitios muy antiguos donde se enterraba a los cristianos y que también servían como lugares donde los creyentes en Cristo se juntaban secretamente a rezar. Su existencia se remonta al siglo II, cuando el cristianismo no se había afianzado como doctrina dominante de la Iglesia de Roma.

Puede decirse, a la idea de nuestras actuales ciudades, que se trataba de cementerios. Lugares sagrados que se construían por fuera de la ciudad, más allá de las murallas. El crecimiento que experimentaron las ciudades en la Edad Moderna, especialmente a mediados del siglo XX, hizo que estos lugares quedaran debajo de la nueva Roma. Hoy, representan uno de los puntos más visitados y de los que más perplejidad produce.

Existen varias alrededor de Roma. Entre ellas, la Catacumba de Priscilla, construida en la Via Salaria y denominada así debido al nombre del fundador del cementerio, miembro de una familia patricia cuyas catacumbas mismas encontramos aquí, los Aclii Glabiones. La catacumba de Priscilla es una de las mas antiguas y grandes de Roma, remontándose a finales del II siglo. Otras de ellas, es la de Sant’ Agnese, una de las cuatro catacumbas que se hallan en la  Via Nomentana y que está dedicada a una joven mártir cristiana. En la famosísima Via Appia se encuentra la Catacumba de San Calixto, diácono, en el cementerio más importante de la comunidad cristiana.

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Praga, capital de la Republica Checa, se ha convertido en los últimos años en uno de los destinos más buscados por quienes buscan, en el marco tradicional de lo que Europa ofrece, realizar una escapada distinta.

Entre los puntos que el visitante no debe dejar de ver, se encuentra el afamado y célebre Teatro Negro de Praga, cuya técnica revolucionaria convirtió a este tipo de espectáculos en los más populares de toda Praga. Se trata de un teatro diferente a las convencionalidades, que juega con la incapacidad del ojo humano de poder distinguir el negro sobre el negro. Por ello, los actores visten de negro casi en su totalidad, actuando a su vez sobre un fondo negro.

De esta manera, el espectador sólo ve los objetos que se le muestran. Este tipo de teatro comenzó a ser puesto en escena en la China imperial, pero fueron los checos quienes llevaron las técnicas y posibilidades de este género a su máxima capacidad artística.

Las luces, las sombras, la mímica. Todo tipo de acrobacias, objetos iluminados. Linternas negras y trajes fosforescentes. Todo se combina para que el espectador viva la ilusión de estar viendo algo en realidad fantástico, fuera de lo normal, donde es lo visual, de modo estricto, lo que conmueve, divierte y sorprende. El idioma no es una barrera para el Teatro Negro, ya que todas sus obras son mudas, con gran protagonismo por parte de la música.

Un detalle que gustará especialmente a los viajeros que no hablan checo, es que las obras de Teatro Negro son mudas, cobrando la música de fondo un gran protagonismo.

La técnica empleada le distingue de otros tipos de representación teatral. Se utilizan cortinas negras, un escenario de color oscuro, linternas negras y trajes fosforescentes. Esta técnica de la caja negra fue desarrollada por Georges Méliès, y por el innovador Stanislavsky. La danza, las representaciones mímicas y las acrobacias tienen igualmente una gran importancia en el teatro negro.

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Es innegable el atractivo turístico que ejerce la cultura del milenario Egipto de los faraones. La gran mayoría de los museos de Europa que se precien, tienen, cuando no un montaje especialmente diseñado o algún objeto de fama mundial, por lo menos sí un espacio dedicado al arte y la cultura en general del antiguo Egipto.

Entre ellos, uno de los más destacados es el Museo Británico, en Londres, Inglaterra.  Uno de los más grandes y famosos museos de antigüedades que existen en el mundo. Allí, el Antiguo Egipto tiene la más importante sección del planeta, después del propio Museo Egipcio de El Cairo. Esta impresionante colección, única en todo occidente, deriva de la donación que realizó, testamento mediante, Sir Hans Sloane, un médico naturalista. Sloane, que tenía mucha fortuna y una inigualable colección particular, dejó al Museo Británico más de  80.000 artículos, dentro de los que Egipto y Grecia tienen una importancia mayor.

En Berlín, Alemania, el Neues Museum, en la llamada Isla de los Museos, ofrece el famoso busto de la reina egipcia Nefertiti, o el en verdad impresionante Patio Real Egipcio, diseñado por Friedrich August Stüler en 1862 logrando una ambientación de escala natural asomobrosa.

En París, el Museo del Louvre cuenta con una de las colecciones más ricas de Europa y del mundo. Este museo, quizás el más importante en la historia de los museos occidentales, exhibe cientos de piezas, con una amplia disposición de objetos y piezas que abarcan dos plantas, siguiendo un orden cronológico.

En verdad, Europa es un destino cultural fascinante, a todo nivel.

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En la historia cultural y social de occidente, el arte pictórico de algunos artistas europeos se han consagrado como verdaderos pilares dicha cultura. Hoy en día, importantísimos museos del viejos continente atesoran estas joyas, parte del arte mundial de todos los tiempos. Entre ellos, el polifacético artista florentino Leonardo Da Vinci, arquetipo del genio universal, ha dejado entre literatura, pensamientos e invenciones, algunas de las pinturas más valiosas y famosas en la cultura ya no sólo de occidente, sino del mundo entero.

Por ejemplo, encontramos allí a La Gioconda, la legendaria obra que inmortalizó sobre tantas otras al artista. Esta obra, ícono de la cultura, que Da Vinci pintó por encargo de esposa Francesco Bartolomeo del Giocondo, es un retrato de la esposa de este,  Lisa Gherardini. Esta monumental obra está pintada en óleo, en técnica de esfumado, muy característica de Leonardo, sobre una tabla de madera de álamo de tan solo 77 x 53 cm. Se exhibe en el museo del Louvre de París.

Si nos trasladamos a Milán en Italia, en el convento dominico de Santa Maria delle Grazie, encontrarems sobre una de las paredes del comedor de los monjes otra famosa obra que el duque Ludovico Sforza le encargó a Leonardo, La última cena. Esta obra, que es un mural, mide 460 cm de alto por 880 cm de ancho. Retrata la última cena que Jesús tiene con sus discípulos, sus doce apostoles. La última cena, sospechada incluso de masonería, es para muchos la mejor obra pictórica del mundo.

La Galería de la Academia de Venecia, por su lado, nos ofrece otro famosísimo dibujo del artista, su Canon de las proporciones humanas o más conocido como Hombre de Vitruvio. Se trata de una figura masculina desnuda, dibujada en dos posiciones sobreimpresas en los brazos y piernas, simultáneamente dentro de un círculo y un cuadrado. Este dibujo es un legado de la imporatncia que tuvo en el Renacimiento la redescubriento de las proporciones físicas.

Estas obras, únicas e inigualables, son sólo algunos de los ejemplos de la gran cantidad de objetos, planos, diseños, pensamientos, poemas y así mismo otros famosos cuadros. Sin duda, los amantes del arte se merecen ver en persona estas piezas maravillosas.

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Entre las principales atracciones que ofrecen las ciudades europeas para el turismo cultural, sin duda alguna sus famosas catedrales e iglesias representan un punto turístico de gran atractivo. Todos los países del continente europeo tienen templos cuya obra y construcción encierran un valor simbólico e histórico sin comparación en otros lugares.

Por ejemplo, París nos presenta la inigualable majestuosidad de la Iglesia de la Magdalena, de 1765, uno de los más significativos edificios de la capital francesa, que se levanta en el en el centro comercial de París, dominando el Faubourg de Saint Honoré  en la famosa e histórica Plaza de la Concordia. Qué decir, sino, de uno de los emblemas arquitectónicos del mundo occidental, la famosa Catedral de Notre-Dame, de 1345, uno de los destinos turísticos más importantes de toda Francia.

En Roma, Italia, encontramos el epicentro de la fe cristiana de occidente, el Vaticano. Allí, entre sus innumerables construcciones, encontramos la famosísima Capilla Sixtina, construida entre 1477 y 1480 por orden del papa Sixto IV, de  allí su nombre. La bóveda de la capilla es reconocida mundialmente por las obras que pintó en el techo especialmente el artista Miguel Ángel entre 1508 y 1512 por encargo del papa Julio II.

También en Italia encontramos la famosa catedral de Florencia, conocida como el Duomo, de dimensiones verdaderamente asombrosas, construida por Arnolfo di Cambio entre los siglos XIV y XV, en estilo gótico. En 1420, el afamado arquitecto y artista, Filippo Brunelleschi, encaró un proyecto en verdad faraónico: diseñar y construir la inmensa cúpula que es uno de los puntos más sobresalientes de la Catedral de Florencia.

En Londres, Inglaterra, encontramos por su parte la majestuosa Catedral de San Pablo (Saint Paul's Cathedral). En el lugar que hoy ocupa la catedral, originalmente se alzaba la primera iglesia de Inglaterra. Esta construcción es de 1666 y después de la Basílica de San Pedro en Roma, ciudad del Vaticano, San Pablo tiene la cúpula más grande del mundo.

También Alemania cuenta con una de las catedrales más destacadas del gótico, la imponente Catedral de Colonia, que fuera declarada Patrimonio de la Humanidad en 1996 por la Unesco, cuyas obras se comenzaron en 1248. Sus dimensiones son verdaderamente imponentes, y sus campanas, de las cuales cuatro datan de la Edad Media, son todo un símbolo.

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Si hay un continente rico y excepcional en lo que se refiere a ciudades, ese continente es en verdad Europa. la gran mayoría de sus ciudades tienen alguna particularidad, histórica, cultural o paisajística para ofrecer. Qué decir de aquellas que son capitales de los países más importantes en la historia de Occidente. Desde monumentos, arquitectura, sitios históricos, espacios culturales como museos o Universidades, o lugares de veraneo, como las playas francesas, Europa ofrece una abanico urbano excepcional.

Por ejemplo, si de cultura se trata, tenemos a Ámsterdam,  capital de los Países Bajos. Se trata de una ciudad reconocida por sus sitios culturales y su vívida esencialmente cosmopolita, para turistas que deseen combinar el placer de una ciudad espléndida con la posibilidad de explorar distintas experiencias.  Su centro histórico es uno de los más visitados en Europa, y allí el turista puede disfrutar de paseos de compras y paseos típicos.

Londres, con sus museos y paseos públicos, como la Plaza Trafalgar, en pleno corazón de esta magnífica capital, o el Albert Royal Hall, sólo por citar dos ejemplos de cómo se dispone esta ciudad para el que la visita. Qué decir de sitios de talla histórica, como el Palacio de Buckingham, el famoso puente o la Torre del Reloj, el “Big Ben”. Picadilly Circus, calle obligada. Y desde “El ojo de londres”, de moderna construcción, puede verse una panorámica inmejorable de la ciudad.

Tenemos a París, con la avenida más hermosa del mundo, según la bautizara Napoléon, la de los Campos Elíseos, en cuyo extremo encontramos el famoso Arco del Triunfo. La imponente y renombrada catedral de Notre Dame, la Sorbona, la Opera de París o la emblemática Torre Eiffel son puntos de gran importancia turística. O Roma, con el mítico Coliseo, el Foro Romano donde se cifran doce siglos de historia, el Castillo de San’t Angelo, o el Vaticano, donde se encuentra la Capilla Sixtina, que no deja de sorprender a quien la visita una y otra vez.

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